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Especiales 64
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Por arweb arweb
Publicado el 12/28/2011
 
El anecdotario daba para seguir conversando pasadas las 2 horas, pero aquello atentaba contra las libretas de apuntes, la paciencia y el almuerzo de Jorge Borbón y Jorge Bertheau

Sucasa 64



 

2 horas a 2 voces

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Verde vertical

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Verde vertical

Una solución verde y de altura para la clase media.

La premisa es devolver a la clase media un espacio de vivienda en la Gran Área Metropolitana y, de paso, repensar nuevas formas de arquitectura amigables con el medioambiente. Alrededor de este par de ideas nació Di´ —agua, en lengua bribri—, anteproyecto ganador del Primer Concurso de Vivienda Sostenible para la Clase Media.

Presentado por el equipo 50 al Este (liderado por el arquitecto Rodrigo Carazo), Di´ es muestra y promesa de un equilibrio urbanístico ejemplar, que se centra en la recuperación de la quebrada Los Negritos, en Barrio Escalante.

“Lo primero que hicimos, una vez que se decidió participar en el concurso, fue escoger un terreno. No se trata de proyectos abstractos que nunca se van a llevar a cabo. Son obras pensadas de manera concreta, que vamos a construir sí o sí. Presentar respuestas hipotéticas no soluciona nada”, asegura Carlos Mena, arquitecto a cargo.

El resultado de meses de investigación urbanística y ambiental, así como la cuidadosa observación de zonas aledañas y planificación rigurosa de detalles, es una propuesta de vivienda vertical de naturaleza holística con los alrededores.

Se trata de un complejo de apartamentos de relativo bajo costo —el más caro de ellos no superará los $100.000— construido con materiales que requieren poco mantenimiento, lo que asegura el acceso a ellos a la población de clase media.

Las medidas de ventilación e iluminación natural, el uso de formas de energía limpias y la generación de espacios para el pequeño comercio —como pulperías, farmacias y cafeterías , brindan un peso aún mayor al equilibrio entre arquitectura financieramente accesible y protección ambiental.

Carlos destaca que “el uso de losa tubo nos permite ahorrar muchísimo dinero, pues con dicho sistema, el cemento chorreado se deja expuesto, sin acabados. Este proceso, realizado de un modo adecuado, exhibe resultados de gran belleza y a la vez económicos. De esa forma, pudimos redirigir el dinero a otros aspectos del proyecto, como el parque lineal”.

El parque al que se refiere Mena es una extensión de terreno desnivelado, a ambos lados del cañón, en que se ubicarán jardineras y biojardineras, colocadas de manera estratégica para que, además, funcionen como filtros purificadores de aguas grises. Además, el proyecto cuenta con una planta de tratamiento de aguas negras; la inversión en el mantenimiento de esta, empero, se ve reducida gracias a las biojardineras.

El parque también albergará árboles nativos de la zona que atraerán aves al lugar. Ciclovías, sendores y puentes peatonales recibirán no solo a los habitantes del proyecto, sino al público en general.

“Ganar el premio significó para el equipo, además de una tremenda satisfacción, un compromiso: esto no se va a quedar en maqueta. Nos interesa la sostenibilidad no como cliché, sino como una solución real a los problemas sociales y ambientales del país”, concluyó Mena.

El equipo

• Arq. Rodrigo Carazo, Carazo Arquitectos > Coordinador
• Arq. Carlos Mena, Carazo Arquitectos > Arquitecto a cargo
• Arq. Erick Calderón > Arquitecto urbanista
• Ing. Erich Neurohr, IECA Internacional > Ingeniero estructural
• Ing. Irene Víquez > Ingeniera eléctrica


Ficha Técnica

Nombre del anteproyecto: Di´
Diseño: 50 al Este
Ganador del Primer Concurso de Vivienda
Sostenible para la Clase Media.

*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la revista impresa.

Por: Danny Brenes, periodista
Renders: 50 al Este, cortesía de los arquitectos

   

Raíz de ciudad

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Raíz de ciudad

Treinta años han pasado sobre y bajo la Plaza de la Cultura y sus tres arquitectos.
No han sido los mejores años de San José, ni del urbanismo nacional, pero Edgar Vargas, Jorge Bertheau y Jorge Borbón los sobreviven a partir de un hito ajeno a egos, que desplazó el centro de Costa Rica hasta una plaza. O, mejor dicho, a lo que ellos hicieron creer que era apenas una plaza.

Era un San José ayuno de espacios públicos, de abras que despejaran la ciudad y la dejaran respirar. Era un grupo de arquitectos a reventar de ideas: que un bulevar por aquí, que un mall en calle pública, que un anfiteatro, que un centro de convenciones… Eran los setentas del siglo pasado y todavía el Estado construía. Y en la capital no llegábamos al cuarto de millón.

Edgar Vargas, Jorge Bertheau, Jorge Borbón y una decena de arquitectos más se reunía a idealizar la ciudad que estaba a punto de salirse de las manos de las autoridades. Les susurraban a estas sus ideas, con perseverancia. Bertheau sonríe mientras recuerda. Borbón lo secunda. No dejan de referirse también a Vargas, fallecido hace poco más de 5 años.

Entre los tres desarrollaron el edificio Plaza de la Cultura, que, además de la emblemática explanada a nivel de la calle, alberga las colecciones de numismática, oro precolombino y artes plásticas de los Museos del Banco Central, en tres niveles subterráneos. La obra, sin aspavientos, reubicó el ombligo de la capital y puso en valor al Teatro Nacional.

Desaparecer para hacer ciudad
“Cuando Bernal Jiménez (presidente del Banco Central) nos llamó, llamó a cuatro: nosotros tres, incluyendo a Edgar, que no siente uno que se haya ido, y a don Quico Quirós. Pero ya estaba muy enfermito, muy viejito. Dos o tres veces lo llevábamos para que viera lo que habíamos adelantado en el trabajo y conversábamos. Era como una salidita para desempolvarse él”, recuerda Borbón. Fuera de la oficina de Jiménez decidieron presentar una sola propuesta, unidos como consorcio, para la que tenían apenas tres semanas.

Cuando en 1976 iniciaron las demoliciones, el diseño se elevaba al este y se hacía subterráneo al oeste. Pero precisamente ver el costado descubierto del teatro motivó hundir por completo la obra, tres pisos bajo tierra. De ahí que las consideraciones de diseño se abocaron a crear dos espacios complementarios (el edificio y la plaza), con dos fines distintos (la exhibición y el espacio de encuentro).

Integrar el paisaje
Sobre la calle, las curvas de nivel, los edificios aledaños y los recorridos usuales de los transeúntes sugirieron la ubicación de la entrada al museo, las chimeneas de aire y las entradas de luz.

Y si abajo se trataba de darle prioridad a las exhibiciones, en la plaza era el usuario quien reinaba. “Para cada edad, nosotros teníamos que darle a la gente un espacio de referencia para que no se sintiera cohibida, pero no teníamos los elementos de diseño. Era pura discusión entre nosotros. ¿Y si pasa esto, cómo lo podemos corregir?”, recuerda Bertheau.

La explanada al oeste permite visibilizar los hitos del Gran Hotel Costa Rica y el Teatro Nacional, mientras que las luminarias y las cinco muflas distraen la vista del monstruoso edificio La Llacuna.

Al este, en cambio, se ubicó el acceso con apenas medio piso de diferencia con el nivel de la acera, y a ambos lados, gradas en diagonal que sugieren el usual recorrido en equis de la mayoría de los parques nacionales, sin hacerlo evidente. “Todos los parques nuestros tienen la acera que bordea y la diagonal con el quiosquito”, ejemplifica Bertheau. “Nosotros no queríamos entrar en ese patrón visual aunque la gente fuera a tener la propensión de caminarlo así. No queríamos que eso se manifestara”.

30 velitas
Desde su inauguración, un 12 de febrero de 1982, sobre los adoquines de la plaza caminan todos los josefinos de a pie, las parejas se quedan de ver en los poyos, se comen un helado, los chiquillos le tiran maíz a las palomas y las corretean solo para verlas levantar vuelo hacia el Teatro Nacional. Bajo tierra, las monedas y billetes cuentan la historia del país, las piezas de oro recuerdan a los pueblos originarios y obras de artistas como Rembrandt han sido exhibidas ahí.

Hace 30 años San José empezaba a padecer de asma y el Banco Central necesitaba acomodar sus colecciones y hacer, de la visitación, rentabilidad. El pulso entre los arquitectos y los políticos devino como pocas veces en una obra concreta que, irónicamente, buscaba desaparecer. Y ese pasar inadvertida es precisamente la excusa para celebrar su cumpleaños haciendo toda la bulla posible.

*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la revista impresa.

Por: Randall Zúñiga, periodista / Fotografía: Jorge Navarro y Germán Fonseca / Archivo: Museos del Banco Central y Grupo Nación / Infografía: Carlos Redondo

   

Bienal de muy buenos aires

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Bienal de muy buenos aires

Octubre consagró a la 13 edición de la Bienal de Arquitectura de Buenos Aires como una de las más importantes de Iberoamérica

“Esta edición se da en un contexto en el que la economía del mundo sufre una crisis sin fronteras, y por eso proponemos que este espacio sea de reflexión acerca de la arquitectura del futuro, que seguramente estará alejada de las obras fantásticas de las últimas décadas”. Carlos Salaverry, director de la Bienal, resumió el compromiso del evento en ese y otro fragmento de su discurso de apertura del martes 11 de octubre.

El centro Cultural Recoleta y el Auditorio Buenos Aires fueron, durante octubre, epicentro de esa reflexión que reunió conferencias magistrales de arquitectos como Josep Maria Boety (España), Sou Fujimoto (Japón) y Mario Corea (Argentina), la exposición de muestras dedicadas a Venezuela, Brasil y Cataluña, por ejemplo, y premió, por sobre todo, obras de conciencia urbana, ansiosas de hacer ciudad.

Tres principales
Entre casi una veintena de premios sobresale el otorgado a la carrera del español Guillermo Vázquez Consuegra, bajo el título de Gran Premio Bienal. El jurado, compuesto por Carlos Sallaberry, Laureano Forero, Ignacio Dahl Rocha, Handel Guayasamín, Manuel Cuadra, Roberto Converti, Enrique Cordeyro y Carlos Dibar, justificó el reconocimiento a Vázquez en que este no se debe “a una obra en particular, sino a su importante trayectoria, comprendida como el resultado de un continuo proceso ético y estético que trasciende el tiempo”.

Los santafecinos Mario Corea y Guillermo Caballero consiguieron, respectivamente el Premio Bienal a la Arquitectura Internacional y el Premio Bienal a la Arquitectura Argentina.

Otros premios celebraron a las generaciones jóvenes a nivel internacional (Sou Fujimoto), latinoamericano (estudio de Amparo Pontoni, Luciano Margotto, Joao Sodre y Jonathan Davies) y local (estudio BABO), las obras urbanas (Burgos & Garrido, Porras & La Casta y Rubio & Álvarez-Sala y West8) y las intervenciones patrimoniales (Joseph Botey).

*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la revista impresa.

Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.com / Fotografía: cortesía de los organizadores, los arquitectos y Randall Zúñiga