- Por arweb arweb
- Publicado 12/22/2011
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2 horas a 2 vocesEl anecdotario daba para seguir conversando pasadas las 2 horas, pero aquello atentaba contra las libretas de apuntes, la paciencia y el almuerzo de Jorge Borbón y Jorge Bertheau. Los arquitectos conversaron con Su Casa sobre el San José que nunca fue. La capital que sigue siendo una aldea. Borbón hace acotaciones puntuales. Bertheau echa mano al humor y a una memoria privilegiada. Siempre mencionan a su amigo Edgar Vargas y hablan de él como si estuviera allí, al lado suyo, en la sala de reuniones del primer nivel subterráneo de la Plaza de la Cultura que diseñaron a seis manos hace más de 30 años. Borbón. Con este diseño se pasó el centro de la ciudad de San José del Parque Central hasta aquí. Ese es el éxito más grande. Los tres arquitectos se reunían en los setentas junto a otros a esbozar proyectos urbanos, vaticinando el cambio que sufriría la ciudad en años posteriores. Así, surgía la idea de que no todas las carreteras confluyeran al centro, separar las rutas de carga de las autopistas de alta velocidad o un centro cívico. Ideas que aun son necesarias y que ningún gobierno ha concretado. Bertheau. En ese tiempo, tomabas una fotografía de San José y todos los centros de manzana eran verdes, a uno y otro lado de la Avenida Central. La idea era expropiar los centros de manzana y volverlos plazoletas, interrelacionándolos unos con otros. Y cerrando la Avenida Central. Expropiar algunas pequeñas propiedades para hacer como esvásticas para caminar, y permitirles a los propietarios usar el espacio público de atrás para mesitas, exposiciones, sacar el comercio en el día… Borbón. Sueños de grandeza para un país que en aquel entonces era una aldea. La propia Plaza de la Cultura era solo uno de tantos proyectos surgidos en aquellos años. Uno de los más fuertes, y complementario, iba a ser desarrollado al costado sur del Teatro Nacional, cruzando la avenida segunda, frente a la Caja, e incluía instalaciones para talleres, un centro de convenciones y una sala de ensayos para la Orquesta Filarmónica Nacional. Solo la Plaza de la Cultura se concretó, fruto, en parte, de la amistad de Borbón y Bernal Jiménez, presidente del Banco Central. El convencimiento hizo que, al derribar los primeros edificios del cuadrante, variaran el diseño para hacerlo subterráneo en su totalidad. Esto acarreaba, sin embargo, volver a convencer a los políticos. Bertheau. Era estar jodiendo. Cuando botamos la López, la Mariano Jiménez... Les decíamos: Párese ahí, huevas, y vea. Fue tratar de convencer y convencer. Era un momento en que uno tenía capacidad de lucha. Ahora no. Borbón. A este país lo rige una enfermedad verde. Que no es ni Liberación. Es la envidia. Ya nadie puede hacer nada porque lo tachan de sinvergüenza. La escala doméstica Bertheau. Tienen que imaginarse, primero, que había mucha política metida. Y, después, que aquí en Costa Rica todo mundo opina y se cree la mamá de Tarzán. Por ejemplo: nos llamó la Junta Directiva del Banco Central cuando estábamos ya en planos definitivos. Que ellos querían ver si era posible poner una reja alrededor de la Plaza de la Cultura para que no entraran ni las putas ni los playos... Y entonces, que qué opinábamos nosotros. Les dijimos: nos perdonan un segundito para reunirnos. Y ahí mismo: Diay, ¿qué hacemos? Diay: abramos el hocico. Entonces les digo: Antes de tomar una decisión quisiéramos hacerles una pregunta: ¿las putas y los playos son costarricenses?... Ahí terminó la reunión… ¿Tienen cédula, no? Pueden entrar a cualquier otro lugar adonde entre otro tico. Pero no crean que eso se quedó así, porque ese sector que piensa de esa manera ya lo ha propuesto tres veces. 30 años y contando Bertheau. Hicimos una propuestita para que la Plaza se remoce, sin cambiarle el concepto. Básicamente es hacer un techo bien rico en diseño, para hacer una zona de exposiciones de esculturas a la entrada del museo. Techado, pero abierto, y que nadie se las pudiera robar porque no se las aguantan. Que se puedan hacer funciones al aire libre y que haya un cafetín lo suficientemente grande adonde quien quiera tomarse una cerveza o un café lo pueda hacer y le deje plata a la cultura. Porque el arte, aunque no lo crean, necesita plata. *Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la revista impresa. |
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Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.com Fotografía: Jorge Navarro / Ilustración: Carlos Redondo |

